Testigos bajo tierra

Septiembre de 1846. Un contingente de soldados norteamericanos invasores avanza por el área localizada entre lo que hoy se conoce como Galerías Monterrey y el Cerro de las Mitras.

Esa columna yanqui es brevemente detenida por una escuadra de valientes soldados mexicanos que enfrenta a la metralla de los rifles y cañones gringos con armamento primitivo.

Foto: Edmundo G. VidalesLa sangre y los pedazos de cuerpos destrozados cunden por doquier y tras el fragor de la batalla, soldados de ambos bandos son sepultados en fosas comunes y en tumbas de poca profundidad.

Así, nuestra ciudad se convirtió en un gran cementerio de soldados que luchaban por sus respectivas patrias.
Quién iba a decir que mucho antes de invadir Vietnam, Panamá o Irak, la primera gran batalla del imperialismo norteamericano se libró aquí, en Monterrey.

La razón de aquella invasión no es tan diferente de la que ha impulsado a nuestros vecinos del norte a atacar diversos países del orbe: codicia.

Desde principios del siglo XIX los terratenientes norteamericanos ambicionaban las enormes extensiones territoriales de California, Utah y Arizona que en ese tiempo pertenecían a nuestra patria y eran –siguen siendo– riquísimas en minerales, cultivos y petróleo, y que el gobierno mexicano no quiso ceder ni vender.

El presidente norteamericano James K. Polk inició el ataque pretextando reclamos territoriales sobre el área situada entre los ríos Nueces y Bravo donde actualmente se encuentran las ciudades de McAllen, Brownsville y la Isla del Padre.

El ejército avanzó rápidamente con nula resistencia sobre Matamoros, Reynosa, Camargo y Cerralvo. Así llegaron a Monterrey, donde se toparon con una durísima resistencia en lo que actualmente es el Paseo santa Lucía.
Entonces los invasores decidieron avanzar por el poniente, por los rumbos de las Mitras, verificándose la referida contienda.

Para darnos una idea más exacta de esa epopeya, LA ROCKA entrevistó al historiador Ahmed Valtier (coordinador de la revista Atisbo, especializada en historia regional), al doctor Pablo Ramos (fundador del club de fans de la historia conocido como Los amigos de la Batalla de Monterrey) y a la arqueóloga Araceli Rivera, del Instituto de Antropología e historia, coordinadora de los trabajos de exploración de los vestigios de la batalla de 1846 en Monterrey.

“Los soldados norteamericanos al mando del General Williams Worth iniciaron su movimiento para bloquear la entrada del camino de saltillo a Monterrey”, explica Pablo Ramos. De allí se dirigieron por la brecha de lo que actualmente es el Restaurant Regio de la calle Insurgentes, que en ese tiempo eran campos de cultivos de maíz.

"En ese sitio los 450 lanceros mexicanos provenientes de Jalisco, Guanajuato y san Luis Potosí, al mando del General Mariano Romero, se enfrentaron a más de 2 mil soldados norteamericanos en lo que actualmente es la calle Insurgentes y San Jerónimo”, explica el historiador.

Para enterrar a los caídos en combate, agrega, “se cavó una fosa común en donde fueron depositados más de treinta y dos muertos alrededor de los terrenos de lo que actualmente es la embotelladora de Coca Cola y del Instituto Laurens”.
Además de los cadáveres, en las excavaciones se han encontrado fogones, carbón, fragmentos de mandíbulas de res, ataúdes y monedas de la época, dice la arqueóloga Rivera.

“La mayor parte de los vestigios de la batalla se han encontrado cerca del Paseo Santa Lucía en los cruces de Washington con Héroes del 47 (donde murieron casi 500 soldados), pero recordemos que la batalla se libró en distintos puntos de la ciudad, por lo que seguramente debe de haber vestigios en distintos puntos donde se libró este conflicto", y señala que no es tan difícil distinguir a un soldado norteamericano de uno nativo:

“Lo primero que salta a la vista es la altura, siendo el soldado norteamericano más alto, además se nota la diferencia en el cráneo y en el tipo de dientes”.

Esta zona del poniente de la ciudad no es la única donde se encuentran sepultados cadáveres de soldados norteamericanos. Por los rumbos de San Nicolás también pueden encontrarse restos de integrantes de las tropas venidas de Tennessee, Ohio, Kentucky, Georgia, Indiana e Illinois, entre otros sitios de Estados unidos.

“Entre 1846 y 1848 en Monterrey estuvieron por lo menos catorce regimientos de infantería norteamericanos, cada uno con su cuartel y cada uno con su respectivo cementerio; muchos de ellos concentrados por la zona en lo que actualmente es la colonia Prados del Nogalar, cerca de Fomerrey 11, por la línea del ferrocarril que va a Matamoros”, explica Ahmed Valtier.

El estudioso del tema menciona que se establecieron allí porque en aquella época del siglo XIX en el lugar abundaban los ojos de agua y abastecían del vital líquido a tropas y caballos; además de que los frondosos árboles del lugar eran refugio natural contra el calor inclemente de nuestra región.

En esa zona, afirma Valtier, podría haber entre cien y doscientos cadáveres norteamericanos.

“No sólo murió gente en batalla, recordemos que posteriormente también murieron soldados por enfermedades naturales en los dos años que duró la ocupación norteamericana sobre Monterrey. Estuvieron ellos ocupando este paraje del 19 de septiembre de 1846 hasta alrededor del 15 de julio de 1848”, menciona.

Además de que la primera resistencia opuesta por los nuestros fue hecha por valientes soldados equipados con lanzas, en las batallas posteriores también hubo desventaja en el armamento:

“La tropa mexicana manejaba el mosquetón calibre .57 con un alcance de 150 metros y artillería de diverso calibre pero de difícil traslado, mientras que la artillería norteamericana tenía piezas más móviles con balas de cañón de 6 libras, balas de aproximadamente 3 kilos de peso y que podía alcanzar su objetivo a kilometro y medio de distancia. Algunos soldados norteamericanos usaban rifles, un arma que no tenía uso bélico hasta ese entonces.

"La de Monterrey fue la primera gran batalla de la historia en donde se empezó a usar rifles”, indica.

¿Existe interés en los norteamericanos para desenterrar a sus muertos?
Están interesados en los cementerios perdidos que yacen bajo nuestras construcciones, tanto de los cuerpos que han surgido en el centro de la ciudad como de los que se encuentran al norte por el Nogalar. Historiadores norteamericanos ya han informado a autoridades de Tennessee, quienes están muy interesados en que se defina si esos cuerpos del Nogalar son o no son de soldados norteamericanos, y ellos quieren hacer trámites e intentar rescatar y llevarse los cuerpos.

El ejército norteamericano permaneció en la ciudad hasta su retirada en julio de 1848, luego de la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo, el cual anexaría más de 2 millones de kilómetros cuadrados de nuestro territorio al país de los invasores. Pero esa es otra historia.
 

La batalla de 1846 en Monterrey
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