Bofetada a los puristas del rock

Más cantinas que aulas. Con matrícula en la universidad de la calle, este hombre que va por la vida haciéndose llamar Enrique Bunbury ha resultado muy intrépido, casi un pendenciero, un blasfemo del negocio de la farándula rocanrolera.

Sin respeto por los cánones discográficos, avanza por un sendero musical carente de lógica: en 1996 dejaba de ser un Héroe del rock duro y lo primero que nos entregó fue un disco sabor techno, y luego uno de tintes balcánicos y mediterráneos. Luego volvió a las guitarras fuertes, y… y… Y ahora llega con una colección de rancheras, cumbias y boleros antiguos.

De no ser porque siempre ha vendido cantidades poderosas de discos y boletos de concierto, sería tachado de loco por los expertos de la industria. ¿Genio, en cambio? Demasiado pronto para medir su trascendencia artística. Pero sin duda estamos ante alguien que prefiere la aventura por sobre la rutina de las fórmulas, y eso es de agradecer. Con él, nunca sabemos qué sigue.

Amante de los riesgos, con Licenciado Cantinas llegó al extremo, aunque involuntario, de programar el lanzamiento mundial del álbum en pleno martes 13 (de diciembre).

“La verdad es que nadie me preguntó, nadie me consultó si me parecía bien o me parecía mal, pero cuando de repente me enviaron un calendario en el que ponían la fecha de lanzamiento y vi martes 13, me pareció fantástico, me pareció una idea buenísima.

“A mí siempre me dio muy buena suerte el día 13. Mi santo, el día de mi santo, es 13, San Enrique, 13 de julio. Entonces nunca tuve ningún problema con el número 13, siempre me pareció bien, y que coincida con el lanzamiuento del disco yo creo que nos va a dar suerte. Y creo que vamos a acabar de una buena vez por todas con esta superstición”.

Al día siguiente del lanzamiento oficial, su casa discográfica informaba que Licenciado Cantinas era número uno en iTunes de México y España, y también disco de oro en ambos países. Superstición vencida.


La charla con Bunbury ocurre vía Skype. Es el lunes 12 de diciembre de 2011 por la mañana y el español bebe café. Desde la Ciudad de México dedicará muchas horas a promover el lanzamiento de Licenciado Cantinas con entrevistas para medios en varios países donde la semilla de su trabajo rinde frutos: Colombia, Argentina, Perú, Honduras, entre otros. España, México y Estados Unidos, por supuesto.

Se trata de un disco “más diferente” que los anteriores. Bunbury nunca se repite, pero éste de plano excede lo que sus fans podrían esperar. Por vez primera desde que debutó discográficamente en 1987 con Héroes del Silencio, no interviene en la composición del material. Además la nueva obra, aunque suena a rock, contiene solo canciones de autores sin relación con este género.

“Durante muchos años, cuando terminaban los conciertos en cualquier lugar de Latinoamérica siempre me proponían ‘vamos, te vamos a llevar a un sitio que hay muy bueno aquí, un club de rock, o de rock en español, o de… un sitio donde ponen muy buena música’.

“Y yo siempre les decía que a mí, lo que yo quería realmentre palpar de cada país era la música más tradicional y quería que me llevaran a lugares donde se pudiera bailar cumbia o lugares donde se pudiera escuchar la música tradicional de cada uno de estos países”, explica con entusiasmo.

“Y así fui conociendo cantinas de mejor o peor calaña por toda Latinoamérica. Y estos lugares fueron los que me enseñaron todas estas canciones; la mayor parte de ellas las escuché a altas horas de la mañana con un trago y en compañía de todos los teporochos de Latinoamérica”.


Licenciado Cantinas es una bofetada a la pureza músico-racial decretada por los fundamentalistas del rock. Aunque renieguen y se nieguen a aceptarlo, entre los ritmos y géneros autóctonos que cultivaron nuestros antepasados, el espíritu del rocanrol aparece y envuelve esa promiscuidad sonora con magia inexplicable. Es un disco de mestizaje tan bien logrado como Pequeño (1999) o El viaje a ninguna parte (2004). Enrique ha vuelto a salirse con la suya.

La charla con el artista continúa.
 
Creo que este disco tiene más parecido con 'Pequeño' que con cualquier otro de tus discos… ¿Lo ves así?
Bueno, sí, y también yo añadiría a esta lista El viaje a ninguna parte, creo que estos tres tienen un hilo conductor que los une a través del tiempo.
 
En 'Licenciado Cantinas' te alejas de la raíz rockera, del blues, y te acercas más al bolero, a la cumbia, a otros ritmos que de plano parecen muy lejanos al rock…
Bueno, sí y no. O sea, yo no pienso que me esté alejando del rock, para nada, creo que este disco al final es un disco de rock. Creo que lo que tienen Pequeño, El viaje a niunguna parte y Licenciado Cantinas es precisamente que siendo discos de rock miren a otras músicas y se hermanan con otras músicas, tienden puentes, pero no es una separación, es una unión.
 
Santana dijo una vez que toda la música popular de hoy proviene de los negros, ¿estás de acuerdo?
Totalmente. La música que a mí me interesa y la música que aparece en este disco, es lo del blues, a mí particularmente me parece que este disco tiene una raíz blues muy importante y tiene una raíz del gospel y del rhythm and blues de Nueva Orleans muy importante, tan importante como cuando en el disco aparece una ranchera o aparece una cumbia.
 
Y sí, yo creo que lo que estoy haciendo ahora mismo es acercarme a la música negra más que nunca en mi vida. Coincido 100 por 100 con Carlos Santana, y en el fondo lo que estoy haciendo es música negra.
 
Tal vez sea un disco difícil para las radios comerciales…
Bueno, a mí me encantaría sonar en todas las radios, y que la gente escuchara mi disco, principalmente, ¿no? Pero, claro, las radios que existen al día de hoy son radios muy genéricas y quién sabe cuáles son los límites en los que trabajan. Yo no sé si el disco que he hecho puede entrar en top 40 normalmente o si… Yo no lo voy a decidir, lo van a decidir ellos.

Pero a lo mejor pueda ser en otro tipo de radio, no lo sé. Espero que suene en la radio que apoya el rock en nuestro idioma, espero que suene en otras radios. Creo que tiene características para que la gente lo pueda escuchar. Ni pretendía hacer un disco anticomercial ni hago la música para que suene en la radio en concreto.
 
El repertorio seleccionado por Bunbury consiste en 15 canciones que han trascendido generaciones y territorios. Obras maestras del género, aunque al paso del tiempo algunas de ellas habrán quedado empolvadas en un rincón de la memoria popular, a la espera de rescates emocionales como el del Licenciado Cantinas.
 
    El mar, el cielo y tú (Agustín Lara)
    Llévame (Louie Ortega)
    Mi sueño prohibido (Tradicional)
    Pa' llegar a tu lado (Lhasa de Sela)
    Chacarera de un triste (Hermanos Simón)
    Ódiame (Federico Barreto / Rafael Otero López)
    Vida (Pablo Casas Padilla)
    El mulato (Licenciado) (Ricardo Ray / Bobby Cruz)
    El solitario (Diario de un borracho) (Alfredo Gutiérrez)
    Ánimas, que no amanezca (Guadalupe Ramos)
    Que me lleve la tristeza (Marcial Alejandro)
    El día de mi suerte (Willie Colón / Héctor Lavoe)
    Cosas olvidadas (Antonio Rodio / José María Contursi)
    La tumba será el final (Francisco Vidal)
    El cielo está dentro de mí (Atahualpa Yupanqui / Pablo del Cerro) 
 
El enamoramiento de Bunbury con la tradición cancionera de América Latina data de muchos años atrás. En el ahora nebuloso año 2000, este mismo reportero le preguntó sobre su postura religiosa y la respuesta no podría ser más clara: “Dios existe, se llama Jose Alfredo Jiménez. Soy un creyente”, dijo.

Es muy conocida su versión de “El jinete”, pieza del repertorio josealfrediano que le enseñaron los Aterciopelados de Colombia. También cayó rendido tras escuchar “Aunque no sea conmigo”, de Santiago Díaz, interpretada por Celso Piña y Rubén Albarrán, y la grabó.

Su fe en esta tradición musical es de tal envergadura, que sin rubor compara a sus autores con los monstruos del rock.

“Yo considero a José Alfredo o considero a (Enrique Santos) Discépolo o considero a Chabuca Granda a la altura de Paul Simon o de Bob Dylan o de Lennon-McCartney, Jagger y Richards. Me parece que son grandes compositores. No hago distingos entre géneros, simplemente me parece que son los grandes compositores del siglo 20”.
 
Dice Bunbury que el embrión de Licenciado Cantinas comenzó a gestarse tal vez alrededor de 2002 o 2003, en la época de Flamingos (vaya ironía: es uno de los discos más “rockeros” de su etapa solista). Le surgió la idea de repasar el cancionero popular latinoamericano, así que fue reuniendo material que le gustaría interpretar. Lo que no imaginaba entonces es que terminaría filmando una película.

“Cuando decidí sacar este disco, que fue creo que el año pasado, principios del año pasado, empecé a ver el problema que tenía porque eran 60 canciones y tenía que seleccionar 15 para el álbum.

“Y como no sabía muy bien qué hacer, fue cuando se me ocurrió el contar con todas estas canciones, contar una historia. Este es el principio de este otro proyecto paralelo, un mediometraje que cuenta un poco la aventura que quiero contar en el álbum del personaje protagonista que es Licenciado Cantinas”.
 
El álbum –soundtrack del filme– presenta de inicio las canciones de amor, siguen las de abandono, luego las de perdición y de exaltación de la cantina y el alcohol, y la parte final corresponde a la redención y muerte, indica el cantante.

Parece una historia triste, un final infeliz, pero Bunbury afirma que no es así:

“En el viaje personal que todos hacemos en nuestra vida, hay un momento de redescubrimiento de quiénes somos verdaderamente. Y ese quiénes somos verdaderamente está más allá de los amores perdidos, de las copas tomadas y de todos los problemas que hayamos tenido en nuestra vida… Hay un yo interno que debemos buscar en algún momento.

"Este disco yo creo que acaba bien, esa es mi visión. Acaba con el redescubrimiento del yo personal”.
 
Licenciado Cantinas The movie se estrenó el 20 de enero en salas de cine seleccionadas en varios países. En el caso de México, se transmitió en exclusiva por TeleHit, en la misma fecha. Pero hoy ya está disponible en YouTube.




Bunbury es inquieto y siempre está ensayando nuevas rutas. Hoy hace entrevistas por Skype en vez de usar el convencional teléfono. Dejó España y se mudó a Los Ángeles. Ha debutado recientemente como papá. Y su primer álbum de cóvers lo edita una compañía que nunca ha lanzado un disco.

Ocesa, la promotora de espectáculos más grande de América Latina, da su primer paso como sello disquero con Licenciado Cantinas; lo ha llevado a las tiendas de siempre, pero hubo preventa vía Ticketmaster, un hecho insólito. No es información trivial: el futuro ha llegado. El que quiera ver, que vea; y el que quiera escuchar, que escuche.

Bunbury comenta que tras concluir su contrato con el sello EMI Music estudió las opciones que se le presentaron, suponemos que de todas las disqueras grandes (las que sobreviven), seguramente deseosas de contratar a uno de los pocos artistas que aún resultan lucrativos vendiendo discos.

“Al final tomé la decisión de aventurarme en algo totalmente nuevo y que no se había hecho todavía en el mercado latino, aunque sí que se ha hecho en el mercado anglo, ¿no?, artistas como Madonna con Live Nation (la promotora más grande del mundo).

“Y pensé que era un momento… estamos viviendo un momento convulso en el que las compañías discográficas ortodoxas están en una crisis de la que no saben salir y que… Teníamos que buscar otras opciones.

“Los tiempos cambian y creo que es bueno ver qué otras opciones se muestran en los tiempos actuales. Yo no pienso que haya que seguir los mismos patrones toda la vida, creo que hay que ser como dicen los zen: flexible como el junco, y duro como el junco, las dos cosas a la vez”.


Si Bunbury ha andado de cantina en cantina por Latinoamérica debía haberle tocado alguna de Monterrey, pues a nuestra ciudad ha venido bastantes ocasiones a lo largo de su carrera. Tal vez el hoy enlutado Sabino Gordo, La Gaviota o los salones Star… Pero no, lo que recuerda de nuestra ciudad es un restaurante.
 
¿Recuerdas alguna cantina de Monterrey que te haya tocado visitar?
Recuerdo un lugar que nunca… que no me acuerdo exactamente cómo se llama, es un lugar donde hay una especie de vitral, un dibujo con diferentes músicos mexicanos, en el que también está Joaquín Sabina incorporado allí en el dibujo, es un lugarcito pequeño, no sé si recuerdes tú este sitio…
 
Debe ser el Café Brasil.
Café Brasil, exactamente, sí señor. Además allí había siempre… tenían pequeños fanzines o cómics, en la barra, ese fue un lugar que me gustó mucho de Monterrey.
 
Bunbury llegó a este lugar por primera vez en el año 2000, precisamente para una entrevista con nuestro medio (puedes leer esa entrevista aquí). Y le gustó el tradicional restaurante, ubicado en la calle que tiene nombre de su ciudad natal: Zaragoza (casi esquina con Washington). Hay una foto de él en el muro y sus canciones en la rockola, y recuerdos de cuando luego el artista volvió por sí mismo.
 
Desde aquellos tiempos, en las entrevistas con el ex Héroe siempre se colaban preguntas sobre el acontecer político y social de México, España y el mundo. Aquella ocasión, viajando del Café Nuevo Brasil rumbo a una firma de autógrafos en la extinta tienda de discos Saharis Anáhuac, expresó:
 
“Hay gente que dice que el rock no debe de hablar de cuestiones políticas. Yo pienso que sí, pienso que si tienes esa necesidad interior y que puedes transmitir algo, el rock te ofrece esa facilidad; porque el rock no es como el pop, el pop es 'todos somos felices', el rock es 'cuidado, hay cosas que no van tan bien'.

“En cierto modo (el rock) tiene la necesidad o la obligación de decir 'mmhh, no, las cosas no están tan bien' y tenemos que incordiar, meter el dedo en la llaga, o meterle el dedo en el ojo a Fox, a Aznar o a Bush o a quien sea, ¿no?, incluso a cuestiones sociales, incluso a comportamientos de la calle; creo que es bueno que lo hagamos".
 
Nos transportamos a la entrevista del 2011, prácticamente 2012, cuando el tema social que prevalece en las conversaciones de propios y extraños es la narcoguerra de México.
 
“No sé muy bien qué decir al respecto, hasta qué punto es un tema en el que puedes decir algo, es un tema triste, terrrible, triste… Pero aparte de mostar tu tristeza, es difícil aportar soluciones”, advierte Bunbury.
 
“Yo particularmente siempre pensé que la política actúa como la medicina occidental, que va directa a los síntomas y pone ‘tiritas’, curitas, como les llaman en México. Creo que deberíamos de ir a la raíz más profunda del problema e intentar solucionar el germen, el origen.
 
“(…) Pienso que el problema del narcotráfico es un problema que no se soluciona con curitas”.
 
Bunbury es un español bien informado sobre el acontecer político de América Latina y de México en particular. Sin derecho a voto en nuestras próximas elecciones –seguramente ni le interesa–, comparte una visión para quienes sí están en la posibilidad de sufragar.
 
“En España, en la época de la transición, había unas pintas en la calle con spray, los antiguos grafitis, los primeros grafitis que hubo en España, y había un dicho anarquista que decía: ‘Vota, pero luego no te quejes si las manos te huelen a mierda’.

“Es un poco duro el slogan pero al final es un poco lo que pensamos unos cuantos. Quiero decir, qué más nos da que salga el PRI, que salga el PAN, hasta qué punto uno u otro son muy diferentes o son exactamente lo mismo… Esa es mi cuestión. Yo tengo más preguntas que respuestas, sinceramente”.
 
Bunbury de ninguna manera es un desadaptado social ni un anarquista rabioso. Juega sus cartas dentro del marco socioeconómico que rige al mundo, pero reflexiona y propone ideas contrarias al sistema político imperante simplemente porque éste ya no funciona. Su apuesta, además de ser por el rocanrol, se inclina por las iniciativas de los individuos comunes, los mortales, los que quieren cambiar el estado de las cosas sin ser políticos profesionales ni caudillos o guerrilleros.     
 
“Creo que durante muchísimo tiempo hemos estado dejando nuestro destino y nuestro futuro en manos de los políticos, como si estas personas fueran a solucionar nuestros problemas o como si ellos tuvieran una llave mágica y fueran a hacer algo por nosotros.
 
“Creo que ya demostraron claramente que nos volvieron la espalda, que no están pensando en nosotros, que no están pensando en ti. Entonces creo que ya no es la dirección en la que tenemos que pensar. Tenemos que mirarnos a nosotros mismos y tenemos que pensar en qué es lo que cada uno de nosotros puede aportar. 
 
“Sé que esto puede parecer un poco utópico e ilusorio pero a mí no me lo parece para nada. Creo que cada uno tenemos que revisar nuestros planteamientos, porque durante muchísimo tiempo hemos dejado que otros dirijan nuestra nave”.
 
El cantante delgado que no flaqueará jamás se despide. Uno de estos días, durante la gira del Licenciado Cantinas, vendrá a Monterrey y escucharemos “Ánimas, que no amanezca” y otras canciones típicas de las cantinuchas de la calle Reforma, ahora convertidas en material de concierto para el Auditorio Banamex (la sede más probable).

Concluye la entrevista, el Skype se cierra. Bunbury sigue su camino y no sabemos a dónde se dirige. Pero sorprenderá, así se las gasta el Licenciado.


Salud, Licenciado Cantinas
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