Un texto autobiográfico del escritor Luis Panini

Hace casi siete años, el escritor regiomontano Luis Panini recibió una llamada telefónica de su cuñada Janine Cremers, desde Holanda: se sentía mal y tenía una cita con el médico. Un día después fue diagnosticada con leucemia aguda. La enfermedad acabó con su vida once meses después, a los 36 años de edad.

El proceso fue doloroso para Janine y sus cercanos, y el desenlace, aunque esperado, dejó secuelas en sus deudos. En Luis, por ejemplo, produjo preguntas, recuerdos, reflexiones. Y un libro.

Luis PaniniEsquirlas (27 Editores - UANL, 2014) es un texto autobiográfico en la que Panini se enfrenta –algunos años después– con la enfermedad terminal de su ser querido, con las situaciones entrañables comunes y la agonía dolorosa, con la muerte y sus efectos.

Luis Panini nació en 1978 y es arquitecto de profesión, con estudios de posgrado en Alemania y Estados Unidos.
Ha publicado los libros de cuentos Terrible anatómica (Conarte, 2009; Premio Nuevo León de literatura 2008), Mala fe sensacional (Fondo editorial Tierra Adentro, 2010) y la novela El uranista (Tusquets, 2014).

Esquirlas está a la venta en Terraza 27 (Emilio Carranza 446 Sur, entre 5 y 15 de Mayo), la librería de perfil independiente de los editores Antonio Ramos Revillas y Orfa Alarcón.

El autor contestó vía correo electrónico –desde Los Ángeles, donde radica– el siguiente cuestionario a propósito del libro.

¿Qué es "Esquirlas"? ¿Novela? ¿Crónica? Te has referido de ella como “memoria”, también.
Sí, me he referido a Esquirlas como una memoria. Y una memoria, por lo menos en los países de habla hispana, encuentra acomodo en el rubro novelístico, aunque por “novelístico” debo aclarar que no se trata de una obra de ficción, sino de un libro de corte autobiográfico, sobre hechos reales que sucedieron en 2008 y 2009.

¿Qué significó para ti recrear esos momentos de dolor, de Janine, de la familia, tuyos?
Hasta el día de hoy me sigue resultando un poco incómoda la noción de que la literatura puede convertirse en una herramienta para el desahogo. Perturbar las aguas tranquilas de mi memoria para que una serie de recuerdos dolorosos se asomaran a la superficie no fue placentero, pero lo contrario sucedió justo cuando terminé de escribir el libro, porque este documento se transformó en una caja donde puedo almacenar tales recuerdos sin tener que llevarlos conmigo a todas partes. La confección de este libro fue una cura.

¿Cuándo decidiste escribir  “Esquirlas”? Hay muchas reflexiones sobre la muerte y la enfermedad que seguramente tuviste en los viajes a Holanda, al observar su padecimiento; pero que, al escribirlos después del desenlace, tal vez pasaron por otro estado de ánimo tuyo.
El libro comienza con un momento que de alguna manera detonó su escritura. Un día después de la muerte de Janine, la protagonista, llamé a su casa para averiguar si algún familiar había regresado del funeral. La contestadora automática se activó y fue la primera vez que escuché la voz de Janine después de su fallecimiento. Aunque no comprendí en su totalidad el saludo, porque fue grabado en holandés, el sonido tan perturbador de sus palabras me persiguió durante varios meses hasta que tomé la decisión de comenzar a escribir un libro para atesorar ciertos momentos que temía olvidar, aunque fueran demasiado tristes.

¿Han leído los familiares de Janine algo del libro? ¿Alguna reacción ante su escritura?
Sí, aunque sólo quienes son capaces de leer en español, porque la mayoría de sus familiares hablan holandés, inglés y alemán. Una de sus hermanas que reside en Jaén, una provincia española, lo leyó hace un mes. Le pareció muy conmovedor, sobre todo porque descubrió ciertos momentos que Janine vivió hacia el final de su vida y que desconocía porque fueron momentos que sólo yo compartí con ella.

'Esquirlas', de Luis Panini¿Al momento de escribir “Esquirlas” borraste, consultaste con alguien, o te contuviste en algo que quisieras decir para no producir en el lector reacciones como “pena” o “compasión”?
Quizá eliminé entre 20 y 30 cuartillas, aunque lo hice porque la información contenida en esos fragmentos podría resultar redundante para el texto o ser asimilada como una especie de desconfianza en el lector debido a su repetición. Consulté varias veces a un buen amigo que tengo en los Países Bajos, de hecho uno de los psiquiatras holandeses más reconocidos a nivel mundial, y él me ayudó a comprender la terminología médica de ciertos documentos y fungió como un puente para que yo pudiera hacerle preguntas a un par de oncólogos sobre la enfermedad que Janine padeció. Desde que comencé a escribir el libro, mi objetivo primordial fue mantener la honestidad en todo momento a través de un lenguaje incisivo y casi clínico porque nunca me ha interesado jugar con los sentimientos de un lector. Si un lector llega a conmoverse al leer algunos fragmentos será por la severidad de la situación y no por una manipulación literaria-emocional de mi parte.

Recientemente se han publicado en México algunos libros sobre la enfermedad y la muerte de alguien cercano; pienso en “Canción de tumba”, de Julián Herbert o “El cerebro de mi hermano”, de Rafael Pérez Gay. ¿Has leído alguna novela similar?
Sí, he leído algunos libros de autores que han perdido a seres queridos, aunque a veces tal pérdida no está vinculada con una enfermedad, sino con un suicidio, o que los mismos autores fueron víctimas de una enfermedad terminal, por lo menos cuando la padecieron. Pienso en A Sorrow Beyond Dreams, de Peter Handke; A Widow’s Story, de Joyce Carol Oates; Al amigo que no me salvó la vida, de Hervé Guibert; Borrowed Time, de Paul Monette; Chronic, de D. A. Powell, entre otros.

¿Cómo llega tu libro a 27 Editores?
Conocí a Antonio Ramos Revillas durante la presentación de un libro en la FIL Guadalajara 2010. Desde entonces nos hemos visto esporádicamente en esa feria, hemos coincidido en alguno de sus pasillos y sostenido charlas efímeras. Probablemente fue una red social la que terminó de fraguar nuestra amistad. Después conocí a Orfa Alarcón. Antonio y Orfa no sólo son el cerebro de 27 Editores, sino escritores a quienes admiro porque ambos me parecen creadores muy interesantes. Eso fue lo que me impulsó a indagar si podía enviarles un libro inédito para que lo consideraran, saber que dos autores tan comprometidos con su propia literatura eran los responsables de esta colección de novela.

¿Qué tanto te ha servido la arquitectura en tu faceta de escritor?
Me ha servido en gran medida. Finalmente el espacio físico en una narración, en la mayoría de los casos, es donde “el juego se juega”. Mi formación académica me ha permitido establecer una relación directa entre mis personajes y los lugares que habitan o transitan. Más de una vez le he conferido un simbolismo especial a los espacios arquitectónicos o urbanos que aparecen en mis textos. Para mí, la presencia del espacio físico es tan valiosa como la de cualquier personaje.

Vi un diseño tuyo para el libro "ANIM/Alias", de escritores y diseñadores/dibujantes/ ilustradores locales. ¿Ejerces tu carrera? ¿Te pones enfrente del restirador (o de algún programa en la computadora)?
Colaboré en la publicación que mencionas con un collage digital. El arte es una de mis grandes pasiones y, aunque no le dedico el mismo tiempo que le dedico a la literatura o diseño, sigue presente en mi vida. Muchas veces he dicho que de lunes a viernes, de 9AM a 6PM me disfrazo de arquitecto y por las noches y fines de semana me dedico a escribir. En cuanto al restirador se refiere, te puedo decir que Terrible anatómica, mi primer libro, fue escrito encima de uno de ellos. Pero me deshice de él. La tecnología se impuso y la mano quedó casi obsoleta en mi profesión. Hace varios años diseñé un escritorio y sobre éste es donde dibujo, escribo y pierdo el tiempo en la red. Desde 2009 me especialicé en diseño de mobiliario y fundé PeRiOdIcA:, mi estudio de diseño.

Un cuento tuyo forma parte de una antología de Anagrama, "Cuentos del cerro de la Silla". ¿Te sientes parte de una “literatura regiomontana”?
Desde hace 16 años vivo fuera del país. A veces me resulta un poco difícil asumirme como escritor regiomontano debido a la distancia, pero no estoy en contra de la idea, al contrario, Monterrey ha sido y es un gran semillero de autores reconocidos a nivel nacional e internacional y me da gusto que tal ciudad haya sido mi punto de origen. Nací y viví ahí durante 20 años. Si bien la mayor parte de mi literatura carece de identidad geográfica, esto no quiere decir que no se me pueda considerar como un autor regiomontano. De lo único que sí estoy seguro es que yo no soy un “escritor del norte”.'Esquirlas': de frente al dolor y la muerte
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